“Antes, no me llamaban la atención las naranjas. Me gustaban otras frutas. Hasta que por defecto de otras el otro día me comí una y se me antojó - en un gesto tan inopinado como pueril- cortarla a la mitad, en vez de pelarla y comerla en gajos. La sensación fue tan increíble, es decir: el comer una naranja adentrando tus dientes delanteros en su ácido, dulce y jugosisimo interior es maravilloso…¡¡¡ Es sencillamente increíble. No se por queme ha gustado tanto, y desde ese día ingiero al menos tres naranjas al día, considerando además que cada una de ellas realmente es un regalo para tu cuerpo. Lo recomiendo de manera total”.
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